En la semana siguiente Marta y yo fuimos invitadas a la casa de los Sommer a una fiesta de “casi fin de las vacaciones”, porque faltaban 3 semanas para que comenzaran las clases.
-¿Vas a ir a la fiesta de los locos de enfrente? –preguntó Eva.
-Sí, Marta y yo vamos a ver que nos ponemos hoy, -la mire con cara de buena- y que capaz que vayamos de compras, y…
-Necesitas plata… si, ya se. Saca de mi cartera.
-Y te traigo el vuelto, te muestro lo que me compre y te presto lo que me compre si queres, y si te entra. –Era de rutina todo eso…
-¡Muy bien!
Cuando nos juntamos con Marta más tarde, le pregunte:
-No sé porque Ariel me invitó. Casi no nos conocemos y hablamos tan poco…
-ah, por eso no te preocupes. Siempre invita a casi toda la clase, chicas lindas y sus amigos, y aunque no lo creas, sus fiestas siempre son muy divertidas. Tienen una especie de colección de bromas tétricas y aterradoras. Además, vas a ir a su misma clase y sos su vecina, como yo.
-Eh? ¿Voy a ir a la misma clase que él? Pensé que él era uno o dos años más grande que yo.
-No! ¿No sabias? En la escuela hay un cartel en el que ordenan a todos los alumnos. –Cada curso está dividido en dos; A y B.
-¿Y vos a que curso vas?
-Al mismo que vos, pero en la división A. ¿Tampoco sabías eso?!
-¡Perdón! Es que nunca habíamos tocado el tema. Qué lástima que no vayamos juntas.
Salimos de casa y nos fuimos a recorrer unas tiendas, y terminamos tomando helado para tomar un “descanso”. En eso aparece un auto que me resulto conocido. Sí, era el auto de los Sommer. Pensé que bajaría el padre o la madre de Ariel, era difícil de saber con los vidrios polarizados, pero no. El individuo que se bajo era Ariel en persona. Después bajo un segundo individuo, que no conocí, pero era como Ariel. Uno de los dos dijo “hey!”, y con Marta nos miramos.
-El que le sigue es Pablo- dijo Marta en voz baja mientras los chicos se acercaban.
-Que coincidencia. El es Pablo. ¿Cómo andan?-dijo Ariel, presentando a su amigo.
-Bien –dijimos las dos al unísono.
-Estamos buscando helado para la fiesta de mañana… -dijo Ariel
-Van a ir, ¿no? ¿O esas pilchas son para otra ocasión?-Dijo Pablo sonriendo, dirigiéndose a las bolsas de compra. Atrevido…
-Sí que vamos, y si, es ropa nueva…
-Ah-dijo Ariel sin dejar de sonreír -es bueno que al menos vayan vestidas, sino se las va a confundir con otras chicas.
-¡degenerado!- dije en broma. En verdad esa familia parecía chiflada.
-Son tan graciosos…-dijo Marta sarcásticamente.
-No, claro que no, no digo mentiras. Bueno, nos vamos. Tenemos que buscar a las chicas nudistas, y el helado.
-¿Siempre son así de tarados?-dije cuando se fueron.
-Sí, pero muy divertidos. Se ponen serios de vez en cuando, pero es que dan miedo. -dijo Marta
Cuando llegué a casa después de ver a mi hermana, fui al ático para decidir qué hacer con él (el ático). Simplemente me senté en el suelo y me puse a observar. Había una araña en un rincón del techo. Me saqué el zapato para aplastarla, pero mi zapatazo no fue certero y la araña se encamino hacia un hueco en el piso para huir.
-$%&=! –odiaba las arañas. Entonces me acosté en el suelo amarillo, que ahora relucía, y me puse a pensar. Se me ocurrió darle otra mano de pintura amarilla al marco de la ventana, y también pintar las paredes… Algo que le diera un aspecto más acogedor. Cuando estaba ahí adentro sentía algo raro. Alejo me había dicho que era por la ubicación del ático, por el calor y otras explicaciones, pero había estado en otros áticos antes, tenía que ser otra cosa. Mmm… ¿que podía encontrar en un ático? Se me ocurrieron un par de cosas, como arañas, polvo y telarañas. ¿Otra cosa? Puede que se encuentren objetos raros para hacer rituales, como tiza, sal o velas… ni si quiera frascos con partes de algún animal o sangre. -¿Rituales?- dije en vos alta como para sentarme en la idea. No, claro que no. Para nada. El ático parecía demasiado inocente como para eso. ¿Cómo podía pensar en algo así? Como si los aticos están obligados a ser raros. Quizás el hecho de que el ático tuviera mucha energía no era nada de preocuparme, incluso sería algo positivo. La palabra “energía” me hizo pensar en otra cosa. – ¿Fantasmas?- dije otra vez para hacerme la idea. ¡Otra vez no! Pensando en esas cosas lo único que lograría sería tener miedo y no volver más a este lugar de la casa. Me removí en el suelo, me puse en frente de la ventana de colores y cerré los ojos. También se me ocurrió que el ático podría convertirse en mi habitación. No, mejor no, pensé después. Lo podría decorar como quisiera pero solo lo ocuparía para alguna que otra pijamada o para estudiar.
Al día siguiente cuando Marta paso por mi casa para ir a la fiesta, Eva dijo
-Martita, ¿queres quedarte a dormir acá después de la fiesta? No creo que a tu abuela le haga gracia despertarse para cuando vuelvas.
-¡Sí! Es una buena idea-le dije a Marta. -quédate.
-Como la fiesta está enfrente, las voy a dejar que se queden hasta la hora que quieran, pero claro que después tienen que pasar el examen. –dijo sonriendo.
-¿El examen de qué? Preguntó Marta.
-El de alcoholemia. No tenemos un aparato ni nada, simplemente mi hermana siente el olor a alcohol. Lo hace básicamente por diversión.
-Aunque sea leve-dijo Eva- lo siento-con cara de misteriosa a la que no se le escapa una- también está la prueba del equilibrio, así que yo les recomendaría que no tomen demasiado. Es mas-puso cara de seria aunque después sonrió-Evítenlo si es posible. Ah, y cuidado con los chicos-
- que cuando no están sobrios puede ser peligroso…-dijo Marta como si completara un consejo que había escuchado un montón de veces.
-Pues muy bien. Las dejo ir, váyanse en paz-termino en risas. Eva se acostumbró a hacer el papel de madre o algo así, y la verdad es que sabía cómo y cuándo tratarme como hija y cuando como hermana. A mi me parecia un poco triste, era injusto que tuviera que interpretar los dos papeles.
Cuando llegamos de la casa de los Sommer estaba muy cansada. La fiesta había sido todo un éxito. Tendimos la cama para Marta después de pasar el "test", y nos dormimos después de tener una pequeña conversación:
-Bueno, ahora conocés a la mayoría de nuestro curso. Especialmente a alguien, ¿no? Dijo Marta con una risita. No entendía, porque a pesar de intercambiar unas palabras con casi todos en la fiesta, solamente con un par de chicas hablé más. Eran agradables y todo, una parecía ser muy divertida y buena persona, hasta bonita, pero yo no era ninguna desviada, por decirlo así. Al ver mi cara de confundida, Marta dijo-te hablo de Benjamín, tonta.
-¡Ah! Benjamín, claro. Sí, creo que es bueno y…
-¿y…? ¿Y algo más?
-…lindo, supongo. Creo que me cayó bien. ¿Pero como podes decir eso? ¡Hable tanto con él como hable con otros chicos y chicas!
-“Este” –dijo en tono resaltante- te siguió pegando ojeadas y pasando de vez en cuando cerca de vos, ¿o no te diste cuenta?-me quedé atónita. No solía ser de las chicas con la que los chicos sueñan, o se fijan.- además creo que hacen una linda pareja.-La miré raro. El era apuesto, y me parece que yo también, por lo menos desde este año o algo así. O quizás siempre fui bonita, pero la diferencia es que los chicos de mi curso de donde vivía antes los conocía de toda la vida, y el accidente de mis padres, que hacía que la gente me tratara casi con algodón aunque no lo necesitara, solo me brindaran compasión, era como un cartel que decía “mis padres murieron” y la gente pensaba que era rara o simplemente no quería vivir con eso, como si fuera un peso más, o algo así, y me trataban diferente. Por suerte en esta ciudad ese rumor no se soltó.
-Tiene ojos verdes y pelo castaño, unos buenos bíceps…-empezó Marta.
-¿Cómo sabes que tiene unos buenos bíceps?- la corté.-y buena espalda y se ve que hace ejercicio... ¡como casi todos los otros chicos amigos de Ariel! No sé porqué todos son parecidos en ese aspecto… ¿Cómo sabes que tiene buenos bíceps?-repetí.
-Natación del colegio. De vez en cuando juntan varones y mujeres… algunos padres se quejan pero la verdad es que es divertido.-me pareció de lo más cuerdo eso de los padres, pero me imagino que esa clase debe ser muy entretenida…
-Pobre profesor de natación-dije riendo.-supongo que chicos como él deben sacarlo de quicio.
-Sí, una vez empujaron a la profesora al agua, pero lo hicieron tan bien que pareció un accidente. Después pensaron en hacer lo mismo con el director, pero este sí que se dio cuenta y…-seguimos charlando hasta que nos dormimos.
…
