Habíamos llegado a la casita en vacaciones de invierno. Teníamos referencias del pueblo que decían que el verano era caluroso y los inviernos muy fríos, así que el clima tenía un gran repertorio de temperaturas, lo cual nos gustó. Los vecinos tampoco tardaron en aparecer. A la izquierda vivía en una casa de aire antiguo una vecina de 60 años más o menos y una chica que era su nieta y creo que tenía mi edad. Al otro lado vivía un hombre joven y apuesto, y estoy segura de que mi hermana le habrá pegado el ojo desde que lo vio. Cruzando la calle vivía la familia Sommer. La primera vez que los vimos estaban subiendo un ataúd lujoso al auto, junto con un muñeco tamaño real y un gran cofre. Desde luego la calificamos como rara, incluso peligrosa. Pero quien sabe, solamente había que conocerla. Al costado de la tétrica casa azul oscuro de los Sommer, había una casa blanca y con tejas, donde vivía una pareja joven. Y digamos que ahí termina la lista de vecinos. Claro que habían mas, pero parecían nunca estar en casa, o simplemente no nos visitaron, o porque nosotras tampoco nos ocupamos de conocerlos.
-Tenemos que decidir cuál va a ser tu habitación, hermanita. La mía va a ser la de abajo, te aviso por las dudas.
-¡Pero se supone que la de abajo hay que dejarla para los huéspedes! ¿Porqué no nos vamos arriba, que hay dos y son iguales?- lo que ella no sabía era que yo quería la de huéspedes.
-No, no, no. Yo me quedo abajo. Es más grande, va a entrar mi escritorio y acordate que no me llevo bien con las escaleras.-Cuando era chica, Eva estaba caminando dormida, y bajando las escaleras se tropezó con el pantalón del pijama y bajo rodando, por último se cayó arriba de la cucha del perro. Claro que el perro no la recibió con la fiesta de saltos y besos como de costumbre. Este recuerdo me hizo reír.
-Bueno, está bien, pero no quiero quejas sobre mi decoración después, ¿sí? Aerosol y mucha pintura, por favor.
-No hay problema. Ya se que secretamente querías la de huéspedes, pero bueno.- y empezamos a desempacar. La casa estaba en buenas condiciones, y era bastante cómoda. La verdad era que la madera le daba un toque acogedor. Aunque el ático era el lugar medio raro, termino siendo mi habitación preferida. Estaba polvoriento cuando llegamos. Después de limpiarlo durante casi dos días me di cuenta que el piso era amarillo, que el marco de la ventana también, pero a pesar de que ya le había sacado la mayor parte de la roña, seguía guardando un secreto, o algo debajo del polvo que quedaba, que no podía distinguir. La casa fue tomando forma de hogar, gracias a la ayuda de Alejo, el vecino al que mi hermana le gustaba. Al menos eso suponía. Fue muy amable e incluso nos regalo una torta de bienvenida, al igual que Odilia, alias Otis y Marta, la nieta, que eran las vecinas de al lado. La diferencia era que Otis, la abuela de Marta, si sabía mucho de cocina, pero claro, yo supuse que Eva disfruto mucho la cocina de Alejo.
En la segunda semana de estadía me fui amigando cada vez más de Marta. Su piel era pálida, como la de Otis y el cabello era casi rojo muy lacio. Un día me invito a su casa. La puerta de entrada era alta, y conducía al living en donde el tiempo parecía haberse parado en el año 1800. En realidad en toda la casa. Hasta casi me imaginaba un baño de madera en el patio con una ventanita en forma de luna, pero no fue así, claro. Todo lo que fuera tecnología era de último modelo, como la cocina, por ejemplo. Tenía hasta un lavaplatos, la primera vez que veía uno. Y todo parecía más raro aun ya que su abuela era la que surtía la casa de cosas. Supuse que en algún lugar de la casa aun guardaban vestidos de época, con corsés, lazos y sombreros al tono. La habitación de Marta también estaba impregnada de tiempo. Tenía una ventana que empezaba a unos centímetros del suelo y terminaba a unos centímetros del techo, de marco de madera bien oscura y una gran cortina de piel de durazno color rojo de la sangre. Las paredes estaban pintadas de gris tranquilo y claro. Claro que la cama de plaza y media, el ropero extra grande, el escritorio, las sillas eran estiladamente antiguos.
-Me parece como que si estuviera viviendo en dos centenares atrás, me hace acordar a la casa de Darcy de la peli Orgullo y Prejuicio.-dije bromeando.
-¡si! También me dio la misma sensación, aunque estaba pensando más en la de Romeo y Julieta.-me sorprendió.
-¿Donde vivías antes?-pregunté.
-Vivía con mi abuela en otra casa en este mismo pueblo, nada más que cuando llegamos encontramos una serie de muebles viejos y desde ahí, mi abuela se volvió loca por ellos. A mí me terminó gustando también, así que mi pieza tiene el mismo estilo, aunque mi abuela no tenía problemas con que mi pieza fuera “normal”.
-Le da más personalidad. Me encantan.-Dije sonriendo.
Después de un rato de hablar sobre otras películas, Marta me preguntó:
-¿cómo está tu casa? O sea, como les resulto… Nunca había entrado antes.-sentía algo en la voz, como si ocultara algo.
-A mi me gusto mucho. Es espaciosa, duermo en el piso de arriba e incluso con permiso de decorar como quiera mi cuarto y un ático que es especial para reunirse y contar historias…-o esconder algo.
-Si reformas tu habitación, avísame que yo te ayudo.-dijo sinceramente
-Muy bien, pero todavía no tengo muchas ideas. Cuando las tenga vengo y te busco. Seguro que vamos a necesitar ropa que se pueda manchar.-dije entre risas.
-Sí, claro. ¿Encontraste algo en el ático? Viste que a veces te podes encontrar con cosas que dejaron las personas que antes vivían ahí, como acá.-Otra vez el tono raro.
-Sí, mucho polvo y descubrí que los vidrios de la ventana eran de colores.-Nos reímos.
-¿Qué había acá cuando llegaron? Hoy dijiste que la familia que solía vivir acá dejo algo…
-Dejaron un espejo y un cofre lleno de telas…
-Ah, qué raro. ¡No podría vivir en algún lugar que no tuviera espejos!
Y después nos pusimos a comer galletitas hechas por Otis y seguimos hablando, hasta que el reloj dio las 8 de la noche. Llegue a casa pensando en el ático. Tenía que terminar de limpiar, y ver qué planes tenía para él.
-¡Hasta que llegaste! Ya te estaba por ir a buscar.-dijo Eva en tono de enojada. Estaba cocinando cuando entré.
-Psh. No es para tanto, tengo 17 y estaba con Marta.-dije desinteresada-Tu media naranja tenía razón.-refiriéndome a Alejo- La casa de Otis parece la de María Antonieta. Hasta el aire tiene olor a viejo.-se rió.
-NO es mi media naranja, ni nada, es amable y a las dos nos cae bien, ¿o no?-o mi hermana sabia mentir o lo decía en serio, no sé.-Además, a vos te podría venir bien Abel Sommer, el chico ese de enfrente. Seguro que esta tan loco por vos como vos por él.
-¡NO! Ni se te ocurra. Aparte se llama Ariel no Abel.
-Se ve que estabas muy atenta a la hora de escuchar su nombre. Y no te culpo, es lindo y debe ir al gimnasio o algo así, porque parece un jugador de rugby.-lo dijo mirándome como diciendo ¡conocelo!
-¡Pedófila! Se te están quemando las papas.
-Ups, me las olvide.- empecé a caminar a mi cuarto- ¡Pero no podes negar que es lindo!-tenía razón.
-No podes negar que estabas pensando en Alejo y por eso estás distraída.-dije riendo- Se ha robado tu corazón.-cuando me di vuelta, ella estaba detrás de mí con gesto amenazante pero divertido y me empezó a correr. Me asusto mucho, era silenciosa, y así seguimos jugando y diciendo cosas como “lo visitas a escondidas” y “son el uno para el otro” y las papas se quemaron.
…
