domingo, mayo 9

Chapter /3/

En el domingo siguiente, Alejo nos invito a mi Hermana y a mí a comer. Eva fue antes para ayudarlo a cocinar-lo que me parecía totalmente innecesario ya que nosotras podríamos llevar algo preparado desde casa- y yo mientras tanto tenía el deber de ordenar la casa hasta que me llamaran. El living, la cocina y mi habitación ya estaban limpios y ordenados… ¿quería que ordene su pieza también? Me hubiera molestado que la respuesta fuera sí, pero como no tenía nada más que hacer, hice su cama, ordene los libros, aspiré un poco la alfombra, lo de siempre.

Justo cuando terminé el teléfono hizo ring.

-Ani, ¡podes venir!-dijo Eva por teléfono.

-ok, menos mal, ya me estaba picando el hambre. ¿Llevo algo de acá?

-no, no, veni nomas.

Mientras charlábamos y comíamos noté algo. Parecía que Alejo y Evalina se conocían de toda la vida. –debe ser que pasaron algún tiempo juntos cuando yo no estaba- supuse. Aun así el tiempo juntos es algo. Seguro que pasa algo entre ellos dos. Ella siempre hablaba de “Alejo” pero ahora le decía “Ale”. Se daban unas miraditas de vez en cuando, sonreían y miraban para otro lado. También el hecho de que ella fuera antes a su casa parecía bastante obvio. Sentí algo en el estómago. Eran auténticos enamorados, lo sabía. Por lo menos no se mostraban como tortolitos con todo el amor y la cursilería.

Después de un silencio, mi hermana dijo:

-Emm, Anita…-la miré -Silencio- ¿tenes planes para hoy?

-Sí, -dije extrañada-hoy Marta invitó algunas amigas a su casa para quedarse a dormir, así que esta noche te quedas solita en casa-dije sonriente, aunque después deje de sonreír-Aunque voy a estar a unos pocos metros –dije como precaución aunque no servía de nada-¿Por?

-Preguntaba nomás. Quería que… me ayudes a correr la cocina porque abajo esta mi pulsera.

-¿y cómo llego ahí?

-Se me cayó.-dijo como si nada.

-Yo te ayudo. Puedo solo.-dijo Alejo haciendo una sonrisita de suficiencia

-Mhm… -dijimos las dos y nos reímos todos.

Fui la primera en llegar a la casa de Marta. Había invitado a las dos chicas de la fiesta, que resultaban ser amigas de Marta antes y a otra chica más, Haydee, que no conocía, pero como las otras, Catalina y Andrea, era agradable. Catalina era de la típica chica rubia y linda que llama siempre la atención, aunque creo que lo hacía inconscientemente, pero Andrea, no. Ella sí trataba de llamar la atención. Se notaba en la ropa, en el tono de voz, la actitud… No era fea, pero supongo que se sentía aplacada por Catalina. Haydee era una chica simple y muy segura. Llevaba dos trenzas, y aunque parezca extraño, le quedaban muy bien en su pelo castaño.

Otis estaba ansiosa por cocinarnos algo, lo que fuera, y entonces le pedimos que haga unas pizas. Mientras comíamos le fuimos contando que se había perdido en la fiesta a Haydee, y algún que otro chisme.

-No pude ir porque mi tía me había invitado primero a su casa de campo a pasar el fin de semana.-dijo Haydee.-Me hubiera encantado ir, principalmente para conocerte a vos, Ana, porque me habían comentado algo acerca de una chica nueva..-parecía que tenia vergüenza.

-Bueno, ¡acá estoy!-sonreí.- ¿Cómo la pasaron ustedes en la fiesta?-cambiando de tema- Sí que Ariel sabe cómo ser un buen anfitrión, y a ese juego del chupicard no lo conocía, aunque es divertido.-El chupicard se basaba en repartir una carta boca abajo a cada jugador (que estaban sentados en ronda) y darlas vuelta todas al mismo tiempo. Al que le tocaba el número más bajo, tenía que tomarse lo que había en el vaso (algo para tomar bien feo).

-Sí, lo de tener que tomarse ese trago feo que creo que era whisky, te dejaba alegre- dijo Andrea riendo.

-y era más divertido cuando le tocaba muchas veces al mismo, como a Lucas.-dijo Marta.

-Pero el juego que más le gustó Catalina fue el de la botellita –la miró con cara de pícara- ¿no Cata?-dijo Andrea.

-¡Uh! ¿A quién besaste? –Preguntó Marta.- Yo no estuve para ese juego.

-¿a quién le diste una cachetada?-pregunté yo.

-¡SE BESÓ A PABLO! –Gritó Andrea como si fuera un altavoz. Catalina le hizo un ¡shh! Mientras nos carcajeábamos. Creo que también fue para ocultar el asombro, porque Pablo tenía una clase de parecido con los chicos lindos de las películas.

-No te preocupes, fue un beso en el juego nomás.- dijo Haydee.-Aparte, Pablo no es un chico horrible después de todo.

-Aja, aunque también le pego una cachetada en el mismo juego-dijo Andrea.

-Uh- dijeron Marta y Haydee. Supuse que Catalina sabía pegar cachetadas.

- el beso fue antes de la cachetada. Y después también, se podría decir-dijo con otra cara de pícara, pero esta vez dirigiéndosela a la pared. Esto era interesante.

-¡NO DIGAS MAS!-dijo Catalina medio torturada. Eso bastaba para saber que no lo había besado en el juego solamente, sino fuera de él también.

-No me digas, ¿te tocó con él otra vez?-inquirió Haydee.

-Mmm… no creo que haya sido dentro del juego esta vez- dijo Marta.

-Ajam-dijo Andrea.

-¡Ya está! ¡Listo! Hablemos de alguien más.-dijo Catalina.-Creo que a Ana le fue muy bien con Benjamín, o eso parecía.

-¡Te dije!-me remarcó Marta.

-Sí, es que era bastante obvio. Bah, por lo menos vos sí que le gustaste.-dijo Catalina con aprobación de las que habían ido a la fiesta.

-Creo que hacen buena pareja-dijo Andrea, y Marta se mataba de la risa. Apenas se le entendió otro “te dije”, y ahí sí que se empezaron a reír todas.

-Me olvide mi cepillo de dientes- dije entre dientes. En verdad me lo había olvidado. Lo único que hicieron fue reírse más.-¡lo voy a buscar! Ya vuelvo.-y me contagiaron la risa, por Dios.

Llegué a casa destinada a buscar mi cepillo de dientes (que en serio me había olvidado) y en el momento en que abrí la puerta, casi me caigo del susto, después de la vergüenza, y por último ganas de no haber venido a mi casa.

domingo, mayo 2

Chapter /2/

En la semana siguiente Marta y yo fuimos invitadas a la casa de los Sommer a una fiesta de “casi fin de las vacaciones”, porque faltaban 3 semanas para que comenzaran las clases.

-¿Vas a ir a la fiesta de los locos de enfrente? –preguntó Eva.

-Sí, Marta y yo vamos a ver que nos ponemos hoy, -la mire con cara de buena- y que capaz que vayamos de compras, y…

-Necesitas plata… si, ya se. Saca de mi cartera.

-Y te traigo el vuelto, te muestro lo que me compre y te presto lo que me compre si queres, y si te entra. –Era de rutina todo eso…

-¡Muy bien!

Cuando nos juntamos con Marta más tarde, le pregunte:

-No sé porque Ariel me invitó. Casi no nos conocemos y hablamos tan poco…

-ah, por eso no te preocupes. Siempre invita a casi toda la clase, chicas lindas y sus amigos, y aunque no lo creas, sus fiestas siempre son muy divertidas. Tienen una especie de colección de bromas tétricas y aterradoras. Además, vas a ir a su misma clase y sos su vecina, como yo.

-Eh? ¿Voy a ir a la misma clase que él? Pensé que él era uno o dos años más grande que yo.

-No! ¿No sabias? En la escuela hay un cartel en el que ordenan a todos los alumnos. –Cada curso está dividido en dos; A y B.

-¿Y vos a que curso vas?

-Al mismo que vos, pero en la división A. ¿Tampoco sabías eso?!

-¡Perdón! Es que nunca habíamos tocado el tema. Qué lástima que no vayamos juntas.

Salimos de casa y nos fuimos a recorrer unas tiendas, y terminamos tomando helado para tomar un “descanso”. En eso aparece un auto que me resulto conocido. Sí, era el auto de los Sommer. Pensé que bajaría el padre o la madre de Ariel, era difícil de saber con los vidrios polarizados, pero no. El individuo que se bajo era Ariel en persona. Después bajo un segundo individuo, que no conocí, pero era como Ariel. Uno de los dos dijo “hey!”, y con Marta nos miramos.

-El que le sigue es Pablo- dijo Marta en voz baja mientras los chicos se acercaban.

-Que coincidencia. El es Pablo. ¿Cómo andan?-dijo Ariel, presentando a su amigo.

-Bien –dijimos las dos al unísono.

-Estamos buscando helado para la fiesta de mañana… -dijo Ariel

-Van a ir, ¿no? ¿O esas pilchas son para otra ocasión?-Dijo Pablo sonriendo, dirigiéndose a las bolsas de compra. Atrevido…

-Sí que vamos, y si, es ropa nueva…

-Ah-dijo Ariel sin dejar de sonreír -es bueno que al menos vayan vestidas, sino se las va a confundir con otras chicas.

-¡degenerado!- dije en broma. En verdad esa familia parecía chiflada.

-Son tan graciosos…-dijo Marta sarcásticamente.

-No, claro que no, no digo mentiras. Bueno, nos vamos. Tenemos que buscar a las chicas nudistas, y el helado.

-¿Siempre son así de tarados?-dije cuando se fueron.

-Sí, pero muy divertidos. Se ponen serios de vez en cuando, pero es que dan miedo. -dijo Marta

Cuando llegué a casa después de ver a mi hermana, fui al ático para decidir qué hacer con él (el ático). Simplemente me senté en el suelo y me puse a observar. Había una araña en un rincón del techo. Me saqué el zapato para aplastarla, pero mi zapatazo no fue certero y la araña se encamino hacia un hueco en el piso para huir.

-$%&=! –odiaba las arañas. Entonces me acosté en el suelo amarillo, que ahora relucía, y me puse a pensar. Se me ocurrió darle otra mano de pintura amarilla al marco de la ventana, y también pintar las paredes… Algo que le diera un aspecto más acogedor. Cuando estaba ahí adentro sentía algo raro. Alejo me había dicho que era por la ubicación del ático, por el calor y otras explicaciones, pero había estado en otros áticos antes, tenía que ser otra cosa. Mmm… ¿que podía encontrar en un ático? Se me ocurrieron un par de cosas, como arañas, polvo y telarañas. ¿Otra cosa? Puede que se encuentren objetos raros para hacer rituales, como tiza, sal o velas… ni si quiera frascos con partes de algún animal o sangre. -¿Rituales?- dije en vos alta como para sentarme en la idea. No, claro que no. Para nada. El ático parecía demasiado inocente como para eso. ¿Cómo podía pensar en algo así? Como si los aticos están obligados a ser raros. Quizás el hecho de que el ático tuviera mucha energía no era nada de preocuparme, incluso sería algo positivo. La palabra “energía” me hizo pensar en otra cosa. – ¿Fantasmas?- dije otra vez para hacerme la idea. ¡Otra vez no! Pensando en esas cosas lo único que lograría sería tener miedo y no volver más a este lugar de la casa. Me removí en el suelo, me puse en frente de la ventana de colores y cerré los ojos. También se me ocurrió que el ático podría convertirse en mi habitación. No, mejor no, pensé después. Lo podría decorar como quisiera pero solo lo ocuparía para alguna que otra pijamada o para estudiar.

Al día siguiente cuando Marta paso por mi casa para ir a la fiesta, Eva dijo

-Martita, ¿queres quedarte a dormir acá después de la fiesta? No creo que a tu abuela le haga gracia despertarse para cuando vuelvas.

-¡Sí! Es una buena idea-le dije a Marta. -quédate.

-Como la fiesta está enfrente, las voy a dejar que se queden hasta la hora que quieran, pero claro que después tienen que pasar el examen. –dijo sonriendo.

-¿El examen de qué? Preguntó Marta.

-El de alcoholemia. No tenemos un aparato ni nada, simplemente mi hermana siente el olor a alcohol. Lo hace básicamente por diversión.

-Aunque sea leve-dijo Eva- lo siento-con cara de misteriosa a la que no se le escapa una- también está la prueba del equilibrio, así que yo les recomendaría que no tomen demasiado. Es mas-puso cara de seria aunque después sonrió-Evítenlo si es posible. Ah, y cuidado con los chicos-

- que cuando no están sobrios puede ser peligroso…-dijo Marta como si completara un consejo que había escuchado un montón de veces.

-Pues muy bien. Las dejo ir, váyanse en paz-termino en risas. Eva se acostumbró a hacer el papel de madre o algo así, y la verdad es que sabía cómo y cuándo tratarme como hija y cuando como hermana. A mi me parecia un poco triste, era injusto que tuviera que interpretar los dos papeles.

Cuando llegamos de la casa de los Sommer estaba muy cansada. La fiesta había sido todo un éxito. Tendimos la cama para Marta después de pasar el "test", y nos dormimos después de tener una pequeña conversación:

-Bueno, ahora conocés a la mayoría de nuestro curso. Especialmente a alguien, ¿no? Dijo Marta con una risita. No entendía, porque a pesar de intercambiar unas palabras con casi todos en la fiesta, solamente con un par de chicas hablé más. Eran agradables y todo, una parecía ser muy divertida y buena persona, hasta bonita, pero yo no era ninguna desviada, por decirlo así. Al ver mi cara de confundida, Marta dijo-te hablo de Benjamín, tonta.

-¡Ah! Benjamín, claro. Sí, creo que es bueno y…

-¿y…? ¿Y algo más?

-…lindo, supongo. Creo que me cayó bien. ¿Pero como podes decir eso? ¡Hable tanto con él como hable con otros chicos y chicas!

-“Este” –dijo en tono resaltante- te siguió pegando ojeadas y pasando de vez en cuando cerca de vos, ¿o no te diste cuenta?-me quedé atónita. No solía ser de las chicas con la que los chicos sueñan, o se fijan.- además creo que hacen una linda pareja.-La miré raro. El era apuesto, y me parece que yo también, por lo menos desde este año o algo así. O quizás siempre fui bonita, pero la diferencia es que los chicos de mi curso de donde vivía antes los conocía de toda la vida, y el accidente de mis padres, que hacía que la gente me tratara casi con algodón aunque no lo necesitara, solo me brindaran compasión, era como un cartel que decía “mis padres murieron” y la gente pensaba que era rara o simplemente no quería vivir con eso, como si fuera un peso más, o algo así, y me trataban diferente. Por suerte en esta ciudad ese rumor no se soltó.

-Tiene ojos verdes y pelo castaño, unos buenos bíceps…-empezó Marta.

-¿Cómo sabes que tiene unos buenos bíceps?- la corté.-y buena espalda y se ve que hace ejercicio... ¡como casi todos los otros chicos amigos de Ariel! No sé porqué todos son parecidos en ese aspecto… ¿Cómo sabes que tiene buenos bíceps?-repetí.

-Natación del colegio. De vez en cuando juntan varones y mujeres… algunos padres se quejan pero la verdad es que es divertido.-me pareció de lo más cuerdo eso de los padres, pero me imagino que esa clase debe ser muy entretenida…

-Pobre profesor de natación-dije riendo.-supongo que chicos como él deben sacarlo de quicio.

-Sí, una vez empujaron a la profesora al agua, pero lo hicieron tan bien que pareció un accidente. Después pensaron en hacer lo mismo con el director, pero este sí que se dio cuenta y…-seguimos charlando hasta que nos dormimos.

miércoles, abril 21

Chapter /1/

Por fin nos habíamos ido de la gran ciudad, para mudarnos a un pueblito pequeño y tranquilo, donde mi hermana Evalina había comprado una casa que era mitad madera y mitad cemento. Somos algo así como huérfanas. Mis padres se habían ido hace casi 4 años. En nuestro caso no nos mandaron a ningún lugar para vivir porque, gracias al tiempo que pasa mi hermana había cumplido la mayoría de edad. A pesar de que éramos y somos todavía muy jóvenes las dos, nos las arreglamos bien para vivir en medianamente bien. Mis padres tenían algo de dinero ahorrado en las tarjetas de débito, que casi no habíamos usado salvo para la casa y los tramites de la mudanza. Por suerte Evalina y yo sabíamos cómo agarrar una esponja y lavar los platos, como curar una herida y sobretodo como llevarnos bien para que la nueva vida no nos desanime y permanecer unidas. Y somos bastante parecidas. Casualmente siempre queremos comer lo mismo las dos, se nos ocurren ideas parecidas, pensamos casi igual, se nos ocurre ir al baño al mismo tiempo… etc. Menos en los gustos. Eso sí, si ella dice verde yo digo amarillo tornasolado, si quiero agua ella quiere fuego y si digo elefante ella dice ratón como siempre. Pero eso hace a nuestra convivencia más divertida.

Habíamos llegado a la casita en vacaciones de invierno. Teníamos referencias del pueblo que decían que el verano era caluroso y los inviernos muy fríos, así que el clima tenía un gran repertorio de temperaturas, lo cual nos gustó. Los vecinos tampoco tardaron en aparecer. A la izquierda vivía en una casa de aire antiguo una vecina de 60 años más o menos y una chica que era su nieta y creo que tenía mi edad. Al otro lado vivía un hombre joven y apuesto, y estoy segura de que mi hermana le habrá pegado el ojo desde que lo vio. Cruzando la calle vivía la familia Sommer. La primera vez que los vimos estaban subiendo un ataúd lujoso al auto, junto con un muñeco tamaño real y un gran cofre. Desde luego la calificamos como rara, incluso peligrosa. Pero quien sabe, solamente había que conocerla. Al costado de la tétrica casa azul oscuro de los Sommer, había una casa blanca y con tejas, donde vivía una pareja joven. Y digamos que ahí termina la lista de vecinos. Claro que habían mas, pero parecían nunca estar en casa, o simplemente no nos visitaron, o porque nosotras tampoco nos ocupamos de conocerlos.

-Tenemos que decidir cuál va a ser tu habitación, hermanita. La mía va a ser la de abajo, te aviso por las dudas.

-¡Pero se supone que la de abajo hay que dejarla para los huéspedes! ¿Porqué no nos vamos arriba, que hay dos y son iguales?- lo que ella no sabía era que yo quería la de huéspedes.

-No, no, no. Yo me quedo abajo. Es más grande, va a entrar mi escritorio y acordate que no me llevo bien con las escaleras.-Cuando era chica, Eva estaba caminando dormida, y bajando las escaleras se tropezó con el pantalón del pijama y bajo rodando, por último se cayó arriba de la cucha del perro. Claro que el perro no la recibió con la fiesta de saltos y besos como de costumbre. Este recuerdo me hizo reír.

-Bueno, está bien, pero no quiero quejas sobre mi decoración después, ¿sí? Aerosol y mucha pintura, por favor.

-No hay problema. Ya se que secretamente querías la de huéspedes, pero bueno.- y empezamos a desempacar. La casa estaba en buenas condiciones, y era bastante cómoda. La verdad era que la madera le daba un toque acogedor. Aunque el ático era el lugar medio raro, termino siendo mi habitación preferida. Estaba polvoriento cuando llegamos. Después de limpiarlo durante casi dos días me di cuenta que el piso era amarillo, que el marco de la ventana también, pero a pesar de que ya le había sacado la mayor parte de la roña, seguía guardando un secreto, o algo debajo del polvo que quedaba, que no podía distinguir. La casa fue tomando forma de hogar, gracias a la ayuda de Alejo, el vecino al que mi hermana le gustaba. Al menos eso suponía. Fue muy amable e incluso nos regalo una torta de bienvenida, al igual que Odilia, alias Otis y Marta, la nieta, que eran las vecinas de al lado. La diferencia era que Otis, la abuela de Marta, si sabía mucho de cocina, pero claro, yo supuse que Eva disfruto mucho la cocina de Alejo.

En la segunda semana de estadía me fui amigando cada vez más de Marta. Su piel era pálida, como la de Otis y el cabello era casi rojo muy lacio. Un día me invito a su casa. La puerta de entrada era alta, y conducía al living en donde el tiempo parecía haberse parado en el año 1800. En realidad en toda la casa. Hasta casi me imaginaba un baño de madera en el patio con una ventanita en forma de luna, pero no fue así, claro. Todo lo que fuera tecnología era de último modelo, como la cocina, por ejemplo. Tenía hasta un lavaplatos, la primera vez que veía uno. Y todo parecía más raro aun ya que su abuela era la que surtía la casa de cosas. Supuse que en algún lugar de la casa aun guardaban vestidos de época, con corsés, lazos y sombreros al tono. La habitación de Marta también estaba impregnada de tiempo. Tenía una ventana que empezaba a unos centímetros del suelo y terminaba a unos centímetros del techo, de marco de madera bien oscura y una gran cortina de piel de durazno color rojo de la sangre. Las paredes estaban pintadas de gris tranquilo y claro. Claro que la cama de plaza y media, el ropero extra grande, el escritorio, las sillas eran estiladamente antiguos.

-Me parece como que si estuviera viviendo en dos centenares atrás, me hace acordar a la casa de Darcy de la peli Orgullo y Prejuicio.-dije bromeando.

-¡si! También me dio la misma sensación, aunque estaba pensando más en la de Romeo y Julieta.-me sorprendió.

-¿Donde vivías antes?-pregunté.

-Vivía con mi abuela en otra casa en este mismo pueblo, nada más que cuando llegamos encontramos una serie de muebles viejos y desde ahí, mi abuela se volvió loca por ellos. A mí me terminó gustando también, así que mi pieza tiene el mismo estilo, aunque mi abuela no tenía problemas con que mi pieza fuera “normal”.

-Le da más personalidad. Me encantan.-Dije sonriendo.

Después de un rato de hablar sobre otras películas, Marta me preguntó:

-¿cómo está tu casa? O sea, como les resulto… Nunca había entrado antes.-sentía algo en la voz, como si ocultara algo.

-A mi me gusto mucho. Es espaciosa, duermo en el piso de arriba e incluso con permiso de decorar como quiera mi cuarto y un ático que es especial para reunirse y contar historias…-o esconder algo.

-Si reformas tu habitación, avísame que yo te ayudo.-dijo sinceramente

-Muy bien, pero todavía no tengo muchas ideas. Cuando las tenga vengo y te busco. Seguro que vamos a necesitar ropa que se pueda manchar.-dije entre risas.

-Sí, claro. ¿Encontraste algo en el ático? Viste que a veces te podes encontrar con cosas que dejaron las personas que antes vivían ahí, como acá.-Otra vez el tono raro.

-Sí, mucho polvo y descubrí que los vidrios de la ventana eran de colores.-Nos reímos.

-¿Qué había acá cuando llegaron? Hoy dijiste que la familia que solía vivir acá dejo algo…

-Dejaron un espejo y un cofre lleno de telas…

-Ah, qué raro. ¡No podría vivir en algún lugar que no tuviera espejos!

Y después nos pusimos a comer galletitas hechas por Otis y seguimos hablando, hasta que el reloj dio las 8 de la noche. Llegue a casa pensando en el ático. Tenía que terminar de limpiar, y ver qué planes tenía para él.

-¡Hasta que llegaste! Ya te estaba por ir a buscar.-dijo Eva en tono de enojada. Estaba cocinando cuando entré.

-Psh. No es para tanto, tengo 17 y estaba con Marta.-dije desinteresada-Tu media naranja tenía razón.-refiriéndome a Alejo- La casa de Otis parece la de María Antonieta. Hasta el aire tiene olor a viejo.-se rió.

-NO es mi media naranja, ni nada, es amable y a las dos nos cae bien, ¿o no?-o mi hermana sabia mentir o lo decía en serio, no sé.-Además, a vos te podría venir bien Abel Sommer, el chico ese de enfrente. Seguro que esta tan loco por vos como vos por él.

-¡NO! Ni se te ocurra. Aparte se llama Ariel no Abel.

-Se ve que estabas muy atenta a la hora de escuchar su nombre. Y no te culpo, es lindo y debe ir al gimnasio o algo así, porque parece un jugador de rugby.-lo dijo mirándome como diciendo ¡conocelo!

-¡Pedófila! Se te están quemando las papas.

-Ups, me las olvide.- empecé a caminar a mi cuarto- ¡Pero no podes negar que es lindo!-tenía razón.

-No podes negar que estabas pensando en Alejo y por eso estás distraída.-dije riendo- Se ha robado tu corazón.-cuando me di vuelta, ella estaba detrás de mí con gesto amenazante pero divertido y me empezó a correr. Me asusto mucho, era silenciosa, y así seguimos jugando y diciendo cosas como “lo visitas a escondidas” y “son el uno para el otro” y las papas se quemaron.

domingo, abril 18

Configurando ;)

La protagonista principal se las muestro despues, ya veran. estoy acomodando todo para que me gusten. sugerencias: de todo tipo, lo que quieran, pero como siempre: gentleman, chapado a la antigua; respeto en lo que pongan, si?
Gracias :)
Dumitria

sábado, abril 17

PREPÁRENSE!!

En breve posteare una historia que importara a gente que le guste leer y ver una escritora principiante.
Fecha estimada: 18/04/10